La palabra “espectacular” está de moda. Quizá, a primera vista, no os hayáis dado cuenta. Algunas palabras pasan inadvertidas mientras se implantan en el habla común, y cuando las descubres ya son una plaga. Y entonces -cuando las descubres- sobresalen de la frase como si fueran de distinto color o como si sonasen con altavoces.
En mayo de 2009 (no sé qué ocurrirá en el futuro) “espectacular” goza de una salud y una musculatura de hierro. Resuena por todas las esquinas. La palabreja se ha diseminado en el lenguaje acaparando significados fronterizos e invadiendo otros que, francamente, no le corresponden. ¿Seguro que no os habéis dado cuenta? Es que ha circulado sin levantar sospechas aprovechándose de su familiaridad en nuestros oídos. Así ha llegado a todas partes. Hoy todo lo que es grande, numeroso, intenso, fantástico, terrible, alto, minúsculo, precioso, se ha resumido en "espectacular". Antes la descripción de lo sobresaliente demandaba una cierta búsqueda del término. La sintonía con el contexto, la coincidencia con el significado real de las palabras y el uso de los oportunos matices, según el caso, eran las claves. Fidelidad a la lengua y fuerza expresiva, simplemente. Hoy, que todo cabe en espectacular, dichas cuestiones se dejan de lado. O mejor: ni se plantean.
Transcribo unos cuantos ejemplos de mis apuntes: antes hacía un calor agobiante, asfixiante, pegajoso, intenso o infernal, ahora es un “calor espectacular”. Una gran comida no es una comilona ni un banquete, es una “comida espectacular”. Los manjares ya no están buenos, exquisitos o deliciosos, sino “espectaculares”. La cocina, en concreto, incide mucho en lo espectacular. He tomado notas de un programa de gastronomía emitido el sábado en la televisión: “Este pollo casero es espectacular” (pero quería decir riquísimo). “Los pepinos le van espectacularmente” (el adjetivo ya tiene su adverbio, faltaría más). “Los ingredientes producen espectaculares efectos secundarios” (se refería a efectos fabulosos sobre el miembro viril, eso sí que podría ser un espectáculo). “El maridaje es espectacular” (ni óptimo, ni idóneo, ni perfecto, basta con espectacular). Y apuesto a que el derroche de espectacularidad no terminó cuando yo me levanté de la silla sin acabar el programa. Como es un espacio británico culpo al traductor; y ello avala mi tesis: la palabra está de moda (en España, fuera de aquí no sé) y el traductor es una persona moderna -española- que vive en el presente.
Pensándolo bien, la plaga está más arraigada de lo que yo creía. Hasta los españoles en el extranjero lo ven todo tras la lente de lo espectacular. Domingo por la noche, primera cadena. Hace frío en Belgrado y amenaza lluvia. Una española afincada en Serbia dice a la cámara: “tenemos un día espectacular” (en un sentido negativo, atención), y algo más tarde, referido al Danubio, dice un compatriota: “el río es espectacular”. Sobre una plantación agrícola apunta: “el rendimiento es espectacular”. Y: “los productos son espectaculares”. Miré el reloj y me fui a la cama a soñar con espectáculos (pues a pesar de la crítica que aquí se hace al abuso -y no al uso- de la palabra algunos fenómenos pueden ser, en verdad, espectaculares).
¿No es una plaga? Esta mañana, en un programa de salud, dice la doctora: “El cerebro es el órgano que más glucosa consume”. Y luego, como si el éxtasis hubiese invadido su cerebro hambriento de glucosa, añade: “espectacular”. ¿Espectacular? Pues que alguien lleve el espectáculo a un circo, cerebros devorando azúcar, estaría bien, ¿no? Espectacularmente bien. Frente a mí, en una boda, alguien mastica su gran calzone de pato y foie. ¿Emitirá un veredicto? Sí, lo hace. ¿Suculento, delicado, delicioso, sabroso, soberbio, tierno, crujiente, impresionante, inconmensurable, sublime? No. E-s-p-e-c-t-a-c-u-l-a-r, así, deletreando y con especial énfasis en la “c” intermedia. Creo que en ese preciso momento alcanzó la iluminación.
Espectacular está de moda como lo estuvo en su día -y algo perdura- “importante”. ¿Recordáis? ”Hace un calor importante”. “Un número importante de personas asistió al acto”. “Cayó desde una altura importante”. Importante por qué. ¿Son famosos el susodicho calor, el número de personas o la altura, han ganado algún premio? No. Es como espectacular, aunque nuestra palabra de moda arrasa en el mercado. Se ha engullido a importante, que ya estaba hipernutrido, y todo lo que antiguamente era “importante” (grande, numeroso, significativo…) ahora puede ser espectacular.
(O casi todo. Dijo ayer el famoso presentador del famoso concurso musical de la temporada: “aún queda una parte importante de programa”. No fue una observación referida al contenido, que hubiese sido lo correcto, sino al tiempo. Un tiempo “importante”, quizá una hora. Una hora de emisión aún es un tiempo importante. ¿Y espectacular? No, para eso el programa tendría que durar toda la noche. En ese caso sí, espectacular vendría a cuento; y algún audaz de los que abren caminos en el lenguaje lo soltaría, no me cabe duda: como tampoco dudo que crearía escuela).
Nuevos y “espectaculares” ejemplos van sumándose cada día y si me dejo llevar no terminaré nunca. Porque “espectacular” es el comodín de los comodines. Es todo un hallazgo. Ahorra pensamiento. Ahorra palabras. Ahorra energía. Cien por cien ecológico. Y cuenta con un bonito perfil: fijaos en su sonoridad, en su robusta carrocería, en su estructura silábica. Así te engancha. Es una epidemia: mis amigos están contagiados, los pregoneros de la prensa hablada y escrita también, los predicadores de toda clase, el tendero, las mascotas, los geranios, todo el mundo, incluso yo, hemos contraído el mal. Como una droga. Cuanto más lo consumimos más lo necesitamos. Otra dosis, por favor, “espectacular” me hace sentir inteligente, culto, erudito. Casi ni te cabe en la boca: Es-peC-ta-cu-lar. Todos los que lo pronuncian entran en trance, así te engancha. En el hit parade de los topicazos “espectacular”, en el día de hoy, es el triunfador.
jueves, 28 de mayo de 2009
viernes, 8 de mayo de 2009
El test del mal gusto
La casa Hotmail, que ya ha hecho historia con su Messenger, debería cuidar ciertos detalles. La casa Hotmail presume mucho de sus innovaciones y su tecnología, no cesan de actualizar sus productos -yo creo que en exceso-, y te muestran una realidad virtual tan atractiva que casi podrías prescindir del mundo exterior. Bueno, dirás tú, es cierto, y cuál es el problema.
Pues hay algunos. Aunque no quieras tienes que descargar sus últimas versiones: mientras no lo hagas no te dejan abrir el messenger. Conmigo ocurrió y no creo que mi caso sea excepcional, y si lo es no me consuela. Para colmo la acción fue laboriosa, pues el programa se enzarzó con el antivirus en una disputa territorial que me robó un tiempo precioso. Ya tiemblo ante la próxima actualización.
He aprovechado para decirlo, pero este artículo trata de otra cosa.
Cada vez que inicias sesión en messenger se abre la ventana de "MSN Hoy". Una pesadez. Tú no la buscas, sino que aparece porque sí, y para cerrarla hay que dejar que se despliegue del todo. Te obliga a dedicarle energía aunque sólo sea para hacerla invisible. Cuando la consulto, más por aburrimiento que por curiosidad, siempre termino decepcionado.
Entre otras cosas -actualidad, horóscopos, el tiempo…- la paginita cuenta con un test diario. No es sencillo elaborar diariamente un test, los temas se agotan o dejan de ser originales. Por eso no puede sorprenderme -a pesar de su mal gusto- un engendro como el de hoy: las neuronas estrujadas como bayetas terminan generando disparates. No, no me sorprende esta barbaridad. Ya se veía venir.
Fecha: 7/05/09. Test de MSN: <¿Qué asesino en serie serías>?
Lo primero, un comentario de índole general: ¿quién trabaja a sueldo de MSN en la elaboración de los test? ¿Psicólogos? Yo soy psicólogo y os aseguro que los test de MSN son muy malos. ¿Quién los construye? Te hacen una pregunta y te dan opciones tan parecidas (en realidad iguales con distintas palabras) que no sabes que contestar. Otras veces las alternativas de respuesta son inaceptables porque ninguna recoge -ni en grado mínimo- tu punto de vista. Entonces, ¿cómo te decides? Estos errores estructurales en los test de MSN -demasiado frecuentes- le despojan de la mínima fiabilidad y validez exigidas a una prueba psicométrica.
Y luego los “temitas”. <¿Qué asesino en serie serías?>. La naturalidad con que te preguntan algo tan terrible sobrecoge. No te están preguntando por tu marca de cerveza, sino por tu psicopatía favorita, de profesarla. Los de MSN Hoy desean saber cómo te gustaría matar, cuál es tu estilo homicida, con qué técnicas, qué resultado persigues y cosas así. Yo he realizado el test, más que nada para poder hablar ahora. Es absurdo. Te preguntan si te gusta sorprender a tus víctimas o jugar con ellas (para disfrutar mientras sufren), y has de contestar a eso. Para quienes la sola idea de tener una víctima (siquiera hipotéticamente) nos espanta, preguntas como la anterior nos molestan mucho. Es que son muy ingeniosos los de MSN. Me los imagino en círculo generando una tormenta de ideas para su test. De pronto surge la inspiración. “Asesinato en serie”, dice alguien. Ah, guai, guai, qué fuerte ¿no?, qué fuerte, qué fuerte, corean todos.
No estoy exagerando. A la violencia hay que restarle margen, no darle alas. Hay que dejarla sin respiración, no hacerle el boca a boca. ¿Creen que hay poca violencia en el mundo, necesitamos estimularla con jueguecitos como el test de MSN? Les puedo proponer algunos, apunten para la próxima tormenta de ideas: ¿cuál es tu estilo de terrorismo? O: ¿de qué modo ejercerías los malos tratos? No me digan que eso es otra cosa. ¿Por qué terrorista no y asesino en serie sí?
Ustedes no están haciendo ficción, no escriben una novela, sino que elaboran contenidos de entretenimiento en una página que se difunde masivamente entre gente de todas las edades. Hasta ustedes pueden ver, si se lo proponen, sutiles diferencias entre la actividad del asesino en serie y la de cantante de moda, cocinero o taxista, por poner unos casos. No hay problema en ensalzar estas últimas, pero la primera hay que deplorarla. Ustedes pintan al asesino como una especie de héroe, al menos como un tipo interesante al que podrían salirle imitadores. Si no me creen, relean. ¿Acaso su test del día no intenta aparejarnos a célebres psicópatas?
Si MSN intenta ser una página "divertida" no aderecen el lado más siniestro de la naturaleza humana con aires festivos y tono de frivolidad. Para ese aliño ya disponen de sus temas habituales, y viceversa. Quédense ahí. Por ejemplo: "Examen de culebrón. ¿Cuánto sabes de los culebrones más famosos?". Este test, también publicado por ustedes, nos indica qué índole de conocimientos deberían revalidarse en examen, según MSN. Un máster en culebrones: tan "interesante" como inofensivo. Que ésa sea toda su aportación cultural, por favor, no traten de ser originales.
Pues hay algunos. Aunque no quieras tienes que descargar sus últimas versiones: mientras no lo hagas no te dejan abrir el messenger. Conmigo ocurrió y no creo que mi caso sea excepcional, y si lo es no me consuela. Para colmo la acción fue laboriosa, pues el programa se enzarzó con el antivirus en una disputa territorial que me robó un tiempo precioso. Ya tiemblo ante la próxima actualización.
He aprovechado para decirlo, pero este artículo trata de otra cosa.
Cada vez que inicias sesión en messenger se abre la ventana de "MSN Hoy". Una pesadez. Tú no la buscas, sino que aparece porque sí, y para cerrarla hay que dejar que se despliegue del todo. Te obliga a dedicarle energía aunque sólo sea para hacerla invisible. Cuando la consulto, más por aburrimiento que por curiosidad, siempre termino decepcionado.
Entre otras cosas -actualidad, horóscopos, el tiempo…- la paginita cuenta con un test diario. No es sencillo elaborar diariamente un test, los temas se agotan o dejan de ser originales. Por eso no puede sorprenderme -a pesar de su mal gusto- un engendro como el de hoy: las neuronas estrujadas como bayetas terminan generando disparates. No, no me sorprende esta barbaridad. Ya se veía venir.
Fecha: 7/05/09. Test de MSN: <¿Qué asesino en serie serías>?
Lo primero, un comentario de índole general: ¿quién trabaja a sueldo de MSN en la elaboración de los test? ¿Psicólogos? Yo soy psicólogo y os aseguro que los test de MSN son muy malos. ¿Quién los construye? Te hacen una pregunta y te dan opciones tan parecidas (en realidad iguales con distintas palabras) que no sabes que contestar. Otras veces las alternativas de respuesta son inaceptables porque ninguna recoge -ni en grado mínimo- tu punto de vista. Entonces, ¿cómo te decides? Estos errores estructurales en los test de MSN -demasiado frecuentes- le despojan de la mínima fiabilidad y validez exigidas a una prueba psicométrica.
Y luego los “temitas”. <¿Qué asesino en serie serías?>. La naturalidad con que te preguntan algo tan terrible sobrecoge. No te están preguntando por tu marca de cerveza, sino por tu psicopatía favorita, de profesarla. Los de MSN Hoy desean saber cómo te gustaría matar, cuál es tu estilo homicida, con qué técnicas, qué resultado persigues y cosas así. Yo he realizado el test, más que nada para poder hablar ahora. Es absurdo. Te preguntan si te gusta sorprender a tus víctimas o jugar con ellas (para disfrutar mientras sufren), y has de contestar a eso. Para quienes la sola idea de tener una víctima (siquiera hipotéticamente) nos espanta, preguntas como la anterior nos molestan mucho. Es que son muy ingeniosos los de MSN. Me los imagino en círculo generando una tormenta de ideas para su test. De pronto surge la inspiración. “Asesinato en serie”, dice alguien. Ah, guai, guai, qué fuerte ¿no?, qué fuerte, qué fuerte, corean todos.
No estoy exagerando. A la violencia hay que restarle margen, no darle alas. Hay que dejarla sin respiración, no hacerle el boca a boca. ¿Creen que hay poca violencia en el mundo, necesitamos estimularla con jueguecitos como el test de MSN? Les puedo proponer algunos, apunten para la próxima tormenta de ideas: ¿cuál es tu estilo de terrorismo? O: ¿de qué modo ejercerías los malos tratos? No me digan que eso es otra cosa. ¿Por qué terrorista no y asesino en serie sí?
Ustedes no están haciendo ficción, no escriben una novela, sino que elaboran contenidos de entretenimiento en una página que se difunde masivamente entre gente de todas las edades. Hasta ustedes pueden ver, si se lo proponen, sutiles diferencias entre la actividad del asesino en serie y la de cantante de moda, cocinero o taxista, por poner unos casos. No hay problema en ensalzar estas últimas, pero la primera hay que deplorarla. Ustedes pintan al asesino como una especie de héroe, al menos como un tipo interesante al que podrían salirle imitadores. Si no me creen, relean. ¿Acaso su test del día no intenta aparejarnos a célebres psicópatas?
Si MSN intenta ser una página "divertida" no aderecen el lado más siniestro de la naturaleza humana con aires festivos y tono de frivolidad. Para ese aliño ya disponen de sus temas habituales, y viceversa. Quédense ahí.
miércoles, 29 de abril de 2009
Más Hierba Carmín
Hierba Carmín nació esta mañana en una trastienda de mi pensamiento mientras, por puro azar, observaba un descampado tras un bloque de edificios. Hasta hace poco esa línea de edificios señalaba el límite de la ciudad. Más allá, el campo. Ahora no. Sin saber cómo ha crecido un edificio junto a una casa de aldea. Al otro lado de la casa brota un rascacielos. Frente al portal languidece, salvado de milagro, un triste hórreo.
Y un día desaparece la casa y en el antiguo hueco se erige una torre. Y otra, más alta, un poco más allá. Aún otra, más acá. El ejemplo cunde. Los nuevos edificios se incrustan en las nubes. Algunos se han puesto por sombrero una antena de telefonía móvil. El hórreo ya casi ni se ve.
¿Hace falta seguir? Las obras se multiplican; se trazan, caóticas, absurdas calles; el asfalto se extiende como una alfombra en el pasillo; las casuchas del arrabal son pasto de la excavadora; y del hórreo sólo queda una mancha en el suelo.
Todo el arrabal está ocupado. ¿Todo? No. Una isla resiste heroicamente al invasor. Una isla en medio de la basura urbana: limita al norte con barracones de cemento habilitados para garajes; al sur, con ostentosas vallas publicitarias anunciando las nuevas construcciones; al este, con el trasero pestilente de los edificios; y al oeste con el asombrado autor de esta crónica. Aún hay espacio para una huerta entre los mares de uralita y, lo que es más raro, voluntad para cultivarla. Apenas puedo creerlo: hay una huerta frondosa, pulcra, y un hombre en edad de jubilarse (sino sobradamente jubilado) que la cultiva con primor. Azada en ristre y con un sombrero de tela calado hasta los ojos trabaja en su propiedad. ¿Cómo no ha cedido ante el imperialismo inmobiliario? Al margen de la tentación económica y del asedio de la urbanización salvaje él resiste al frente de su huerta. Para empezar, es admirable. E insólito.
Todos los matices del verde se intercalan en el humilde rectángulo inscrito en la desolación. Una huerta solitaria: no pertenece a casa alguna, lo cual tiene un mérito añadido. Enrollo el periódico en tubo y lo oriento hacia las matas de tomates. Juraría que la naturaleza ha triunfado, que el mundo es tal y como se muestra al extremo de mi visión de túnel. Retiro el periódico y descubro el engaño. No hay vergel fuera del perímetro de la huerta. Por ejemplo, los tomates: una pulga podría saltar desde allí y aterrizar en una lavadora desguazada, casi al lado. Hay muchos electrodomésticos desperdigados por la zona, estufas, ordenadores, ya sabes, pero nada que unas horas de faena municipal no pudiesen arreglar, de querer hacerlo. Lo peor es lo que no se puede barrer, lo que se ha hecho crónico. En los patios renegridos la ropa se mece en las roldanas con el aire de los extractores. La grasienta sombra de los edificios se proyecta a modo de corchete en el campo de las judías. Un enorme cartel -aproveche la venta directa- intimida a las lechugas con su bamboleo cercano y peligroso: "me desplomaré sobre vuestros pobres sueños de ensalada". En las idas y venidas desde sus madrigueras los coches fumigan con sus humos todo cuanto les sale al paso, desde las flores de los frutales hasta las zanahorias más profundas. Todo ello tiene mal arreglo y tendencia a degradarse. ¿No es de admirar la determinación del hortelano? Un oasis en un entorno imposible, en estos tiempos que corren.
En mis bolsillos como alforjas nunca falta un cuaderno. Ni un lápiz. Ni una bolsa de plástico. Esa costumbre ha evitado que cayesen en el olvido historias como ésta, curiosidades -aunque sólo lo sean para mí- con las que me tropiezo. Y ha permitido el transporte de variados objetos desde su lugar de origen -a veces insólito- hasta su nuevo domicilio, mi casa, como este cogollo de Hierba Carmín que acabo de regar en mi maceta.
Y un día desaparece la casa y en el antiguo hueco se erige una torre. Y otra, más alta, un poco más allá. Aún otra, más acá. El ejemplo cunde. Los nuevos edificios se incrustan en las nubes. Algunos se han puesto por sombrero una antena de telefonía móvil. El hórreo ya casi ni se ve.
¿Hace falta seguir? Las obras se multiplican; se trazan, caóticas, absurdas calles; el asfalto se extiende como una alfombra en el pasillo; las casuchas del arrabal son pasto de la excavadora; y del hórreo sólo queda una mancha en el suelo.
Todo el arrabal está ocupado. ¿Todo? No. Una isla resiste heroicamente al invasor. Una isla en medio de la basura urbana: limita al norte con barracones de cemento habilitados para garajes; al sur, con ostentosas vallas publicitarias anunciando las nuevas construcciones; al este, con el trasero pestilente de los edificios; y al oeste con el asombrado autor de esta crónica. Aún hay espacio para una huerta entre los mares de uralita y, lo que es más raro, voluntad para cultivarla. Apenas puedo creerlo: hay una huerta frondosa, pulcra, y un hombre en edad de jubilarse (sino sobradamente jubilado) que la cultiva con primor. Azada en ristre y con un sombrero de tela calado hasta los ojos trabaja en su propiedad. ¿Cómo no ha cedido ante el imperialismo inmobiliario? Al margen de la tentación económica y del asedio de la urbanización salvaje él resiste al frente de su huerta. Para empezar, es admirable. E insólito.
Todos los matices del verde se intercalan en el humilde rectángulo inscrito en la desolación. Una huerta solitaria: no pertenece a casa alguna, lo cual tiene un mérito añadido. Enrollo el periódico en tubo y lo oriento hacia las matas de tomates. Juraría que la naturaleza ha triunfado, que el mundo es tal y como se muestra al extremo de mi visión de túnel. Retiro el periódico y descubro el engaño. No hay vergel fuera del perímetro de la huerta. Por ejemplo, los tomates: una pulga podría saltar desde allí y aterrizar en una lavadora desguazada, casi al lado. Hay muchos electrodomésticos desperdigados por la zona, estufas, ordenadores, ya sabes, pero nada que unas horas de faena municipal no pudiesen arreglar, de querer hacerlo. Lo peor es lo que no se puede barrer, lo que se ha hecho crónico. En los patios renegridos la ropa se mece en las roldanas con el aire de los extractores. La grasienta sombra de los edificios se proyecta a modo de corchete en el campo de las judías. Un enorme cartel -aproveche la venta directa- intimida a las lechugas con su bamboleo cercano y peligroso: "me desplomaré sobre vuestros pobres sueños de ensalada"
En mis bolsillos como alforjas nunca falta un cuaderno. Ni un lápiz. Ni una bolsa de plástico. Esa costumbre ha evitado que cayesen en el olvido historias como ésta, curiosidades -aunque sólo lo sean para mí- con las que me tropiezo. Y ha permitido el transporte de variados objetos desde su lugar de origen -a veces insólito- hasta su nuevo domicilio, mi casa, como este cogollo de Hierba Carmín que acabo de regar en mi maceta.
Hierba Carmín
¿Conoces la Hierba Carmín? Esa planta de nombre cándido -pero a mí me parece sonoro- es fabulosa; también temible. Procede de América, donde los indios ya la utilizaban como medicina. Los estudios de su compleja composición química no han concluido, y en la actualidad se investigan sus aplicaciones en el tratamiento de las enfermedades más nefastas, que prefiero no nombrar. Sin embargo es muy tóxica. Su empleo debe reservarse a los expertos o a los indios americanos, a condición de que también sean expertos.
La planta abunda en los descampados, al borde de los caminos y en los solares incultos; también en el paisaje de mi infancia. Tuve la suerte de vivir en el extrarradio y de pertenecer a un tiempo en que los niños jugábamos impunemente en la calle. Mi planta predilecta siempre estaba allí: la recuerdo junto con el olor de las manzanas de verdad, las ortigas en las piernas con pantalón corto, el río no contaminado, los grillos, las moras, las rodillas desolladas y la ropa manchada de verde, de tanto restregarnos por el suelo. Y colonias de Hierba Carmín creciendo por doquier, saludables y orgullosas, como nosotros. Como nosotros entonces.
Ya ves que mi fascinación por la planta viene de antiguo. Nosotros le llamábamos “los venenos”, título rotundo y que encierra gran parte de verdad. La Hierba Carmín (phytolacca americana) es muy contradictoria: te cura o te envenena, te alimenta o te intoxica, según la dosis. O según cómo la manipules. Por ejemplo, si la vas a comer cuécela en cuatro aguas mínimo. Hablo de las hojas o los tallos tiernos, las raíces ni lo sueñes y los frutos tampoco. Lo mejor es que elijas otra verdura, a no ser que estés perdido en la montaña y forzado a sobrevivir. Fuera de la supervivencia, ¿por qué exponerte?
Es que la Hierba Carmín te hechiza. Sus frutos del tamaño del enebro te tientan al final del verano: "soy carnoso como las cerezas y mi jugo hace palidecer al vino"-anuncian-. "Te encantará este manjar de dioses" . Pero en boca de los venenos estas palabras deberían hacerte reflexionar. Tampoco te recomiendo su uso en medicina casera. Los investigadores se ajustan a dosis infinitesimales, nosotros no. Como suele ocurrir en plantas de esta estirpe, a medida que la dosis terapéutica alcanza su eficacia se acerca, amenazadora, la dosis tóxica.
Su aspecto es majestuoso. Ya promete en estadio de plántula y no decepciona luego. Cuando asomaba la nariz siendo un simple brote ya despertaba admiración. Llegará muy alto, decían. Y muy lejos. Ciertamente. La Hierba Carmín alcanza tu altura, o más, si la dejas a su libre albedrío. Y de mantenerla a raya, olvídate. Con un solo átomo de raíz en el suelo es capaz de renacer, aunque la cortes, aunque la aplastes. Aunque una manada de búfalos se revuelque sobre ella. Dale un día o dos y verás como rebrota. Es una planta genial.
Se ha usado para teñir la ropa. Esta es otra especialidad notable de nuestra planta, la tintorera. Como curiosidad te diré que se agregaba al vino para darle color. Supongo que de manera fraudulenta, en todo caso tal práctica se ha abandonado. Si la manipulas en su madurez raro será que no te explote alguna baya entre los dedos. Extráele el zumo y observa el arco iris en tu piel: del carmín al negro pasando por todos los tonos del púrpura. Te hechiza.
Antes de alcanzar tal plenitud las bolitas de intenso carmín eran verdes, apretadas, divididas en gajos y sin zumo; y, aún antes, livianas florecillas de pétalos como hélices suspendidas del racimo (pues así crecen, arracimadas). Al final de su ciclo los tallos suculentos se endurecen y crían en el interior una médula blanca y esponjosa. Las hojas, tersas hasta ese momento, cambian de semblante: se arrugan como algas al sol adquiriendo progresivamente un tono tostado, como tabaco. Por último se quiebran entre tus dedos, se pulverizan. Pero no te engañes: siguen bajo tierra para brotar en la estación propicia.
Hoy me he encontrado con unos retoños de Hierba Carmín. Me he encontrado, digo bien, pues ha sido un reencuentro tras una larga temporada sin vernos. Y ha ocurrido en un punto singular, a la orilla de una huerta urbana enclavada entre edificios. O al revés, los bloques -horrendos- han crecido al lado de la huerta, antigua pobladora del lugar. La han rodeado dándole la espalda y así aparece ahora como un lago entre montañas, montañas de ladrillo, en este caso. Asombroso. Una huerta impecable, como un oasis en un desierto de chatarra. Y bordeada por colonias primaverales de Hierba Carmín: ahora sé que los venenos la inspiran y la protegen.
La planta abunda en los descampados, al borde de los caminos y en los solares incultos; también en el paisaje de mi infancia. Tuve la suerte de vivir en el extrarradio y de pertenecer a un tiempo en que los niños jugábamos impunemente en la calle. Mi planta predilecta siempre estaba allí: la recuerdo junto con el olor de las manzanas de verdad, las ortigas en las piernas con pantalón corto, el río no contaminado, los grillos, las moras, las rodillas desolladas y la ropa manchada de verde, de tanto restregarnos por el suelo. Y colonias de Hierba Carmín creciendo por doquier, saludables y orgullosas, como nosotros. Como nosotros entonces.
Ya ves que mi fascinación por la planta viene de antiguo. Nosotros le llamábamos “los venenos”, título rotundo y que encierra gran parte de verdad. La Hierba Carmín (phytolacca americana) es muy contradictoria: te cura o te envenena, te alimenta o te intoxica, según la dosis. O según cómo la manipules. Por ejemplo, si la vas a comer cuécela en cuatro aguas mínimo. Hablo de las hojas o los tallos tiernos, las raíces ni lo sueñes y los frutos tampoco. Lo mejor es que elijas otra verdura, a no ser que estés perdido en la montaña y forzado a sobrevivir. Fuera de la supervivencia, ¿por qué exponerte?
Es que la Hierba Carmín te hechiza. Sus frutos del tamaño del enebro te tientan al final del verano: "soy carnoso como las cerezas y mi jugo hace palidecer al vino"
Su aspecto es majestuoso. Ya promete en estadio de plántula y no decepciona luego. Cuando asomaba la nariz siendo un simple brote ya despertaba admiración. Llegará muy alto, decían. Y muy lejos. Ciertamente. La Hierba Carmín alcanza tu altura, o más, si la dejas a su libre albedrío. Y de mantenerla a raya, olvídate. Con un solo átomo de raíz en el suelo es capaz de renacer, aunque la cortes, aunque la aplastes. Aunque una manada de búfalos se revuelque sobre ella. Dale un día o dos y verás como rebrota. Es una planta genial.
Se ha usado para teñir la ropa. Esta es otra especialidad notable de nuestra planta, la tintorera. Como curiosidad te diré que se agregaba al vino para darle color. Supongo que de manera fraudulenta, en todo caso tal práctica se ha abandonado. Si la manipulas en su madurez raro será que no te explote alguna baya entre los dedos. Extráele el zumo y observa el arco iris en tu piel: del carmín al negro pasando por todos los tonos del púrpura. Te hechiza.
Antes de alcanzar tal plenitud las bolitas de intenso carmín eran verdes, apretadas, divididas en gajos y sin zumo; y, aún antes, livianas florecillas de pétalos como hélices suspendidas del racimo (pues así crecen, arracimadas). Al final de su ciclo los tallos suculentos se endurecen y crían en el interior una médula blanca y esponjosa. Las hojas, tersas hasta ese momento, cambian de semblante: se arrugan como algas al sol adquiriendo progresivamente un tono tostado, como tabaco. Por último se quiebran entre tus dedos, se pulverizan. Pero no te engañes: siguen bajo tierra para brotar en la estación propicia.
Hoy me he encontrado con unos retoños de Hierba Carmín. Me he encontrado, digo bien, pues ha sido un reencuentro tras una larga temporada sin vernos. Y ha ocurrido en un punto singular, a la orilla de una huerta urbana enclavada entre edificios. O al revés, los bloques -horrendos- han crecido al lado de la huerta, antigua pobladora del lugar. La han rodeado dándole la espalda y así aparece ahora como un lago entre montañas, montañas de ladrillo, en este caso. Asombroso. Una huerta impecable, como un oasis en un desierto de chatarra. Y bordeada por colonias primaverales de Hierba Carmín: ahora sé que los venenos la inspiran y la protegen.
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